Muchas personas no han de conocer bien de que se trata esto, inclusive yo que hasta hace unos días conocía solo por boca de otros en que consistía, quiero dedicar las siguientes líneas a una de las costumbres más raras de Bogotá y probablemente de varios lugares de América Latina, el mercado de las pulgas.

El nombre no dice mucho, pero tampoco es algo desconcertante, así que me arriesgo a pensar que si alguien lo escucha por primera vez no irá más de lejos de pensar que se trata de mercancía de cosas viejas o baratijas, de no ser así, aconsejo que vaya al psicólogo. Pero entrando en materia, efectivamente en el mercado de las pulgas las personas pueden encontrar todo tipo de baratijas, y no tan baratijas; cosas usadas, algunas viejas y otras que perfectamente podrían ser nuevas.

En Bogotá se encuentran muchos de estos mercados de las pulgas, los más sonados son los de Usaquén, Suba y la mayoría en el centro, entre los cuales se encuentra el primero de todos, en la carrera séptima con 24, precisamente en un parqueadero, de manera muy organizada para la ciudad, los transeúntes y los mercaderes, allí se encuentra de todo.

Y no exagero al decir que allí se encuentra de todo, por ejemplo, si usted es de aquellos que por ahorrar compra ropa de segunda pero no le gusta mucho la Plaza España, en el mercado de las pulgas está una segunda opción, y si le sobra dinero podría llevarse algo de más, por ejemplo, billeteras, zapatos, o cualquier otra cosa que le pueda hacer juego.

Pero si usted es un coleccionista de música o videos no se preocupe, aquí también se encuentran, desde discos de acetato y casetes de betamax y vhs hasta cd’s de música y con lo más reciente en películas (desde luego estas últimas pirateadas) y claro los respectivos artículos para poder reproducirlos, inclusive los tocadiscos antiguos con forma de flor.

Por cierto, si usted es amante de los aparatos y electrodomésticos, en el mercado de las pulgas podrá hacer un interesante recorrido por las primeras máquinas, verdaderos baluartes como las primeras cámaras fotográficas y de video, lámparas de gasolina, estufas anticuadas, planchas de carbón, maquinas de coser y hasta loza de barro.

Desde luego, no solo hay cosas para los grandes coleccionistas de anticuario, también fue muy interesante encontrarme con artículos de mi infancia, me refiero a juguetes, y no los habían tan viejos en realidad, habían hasta unos que se veían muy nuevos, en realidad hay tantos artículos que aun cuando me tomara la tarea de describir el sitio, no lograría pasmar su encanto, por eso invito a todos los que puedan a que lo visiten.

Si un día de estos se encuentra aburrido en casa, lo mejor es que salga y visite estos lugares, no son inseguros, no le van a meter gato por liebre (desde luego si usted no se deja), pero lo más importante es no dejar perder estos sitios ni estas costumbres, de una vuelta por la ciudad y al igual que yo, descubrirá que la ciudad va más allá de los sitios de la televisión.

Andrés Vera. 2008